La importancia de los objetivos de aprendizaje

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Muchos docentes tienen interiorizado un modelo de programación didáctica que parte claramente de los contenidos. Y este modelo, aunque lo van retocando según los cambios de normativa, no varía demasiado. Yo mismo era uno de esos docentes no hace demasiados años.

Seguro que también hay muchos docentes que no trabajan de esta manera, sino que trabajan competencialmente y lo que voy a explicar en el artículo lo tienen muy asumido. Que nadie se ofenda que no juzgo a nadie.

En cualquier caso, ya dicen que es mucho más difícil desaprender algo que ya se sabe que aprender uno nuevo. Pero, cuando nos adentramos en un aprendizaje competencial, es necesario remover los fundamentos.

Voy a poner un ejemplo de esta forma de programar la secuencia didáctica. Yo, que soy de la especialidad de Tecnología de secundaria, ya sé que, por muchas leyes que cambien, en algún curso me tocará abordar los contenidos de los mecanismos de transmisión de movimiento: poleas, engranajes, ruedas de fricción, etc. Y, si la normativa nos indica que debemos trabajar por competencias, lo haré… pero seguramente será a posteriori. Me explico. Miraré las competencias que me marca el currículo y, de lo que ya hacía siempre, adaptaré algo para poder (auto)justificar que en tal actividad trabajo la competencia A y en tal otra la B. Con pequeñas adaptaciones, cambios de alguna actividad, ya creeré haber cambiado mi modelo pedagógico.

Seguramente, con el tiempo incorporaré algunos elementos de evaluación formativa, con rúbricas, coevaluación, e incluso elementos de metacognición como las carpetas de aprendizaje.

Todo está muy bien, no obstante pienso que nos falta lo fundamental. En el fondo, no dejamos de poner parches. Tenemos un coche antiguo que le vamos cambiando piezas, pero el coche sigue siendo antiguo. Contamina, hace ruido, es incómodo, poco seguro. Mejor esto que ir a pie si hay que ir muy lejos. Así que ya está bien ir arreglando, sin embargo, quizás hay que replantearlo todo, cambiándonos al coche eléctrico o, incluso, prescindir del coche y pasarnos al transporte público.

Para mí, son claves los objetivos y los criterios de aprendizaje. A partir de ahí, creo que viene todo lo demás. La normativa nos indica competencias que los alumnos deben alcanzar al final de una etapa. Este es nuestro objetivo final. Entonces, si programamos un trimestre, ¿cómo lo hacemos?

Definir los objetivos

Para mí, lo primero es concretar estas competencias en objetivos de trimestres (o de proyecto o de unidad didáctica). ¿Qué esperamos que los alumnos logren? Y no hablo de contenidos, puesto que la competencia va mucho más allá.

Si soy capaz de concretar los objetivos, podré pasar al siguiente paso. ¿Cómo sabré si el alumno los ha logrado? Y aquí entran los criterios de evaluación. La normativa, por suerte, no concreta todo esto, ni siquiera, por cursos. Lo hace por etapas o por ciclos. Por tanto, como docentes debemos tenerlos claros.

La forma que yo utilizo es crearme una rúbrica para cada objetivo, de modo que defino los criterios y los grados de consecución.

Contenidos y actividades

A partir de ahí, creo que nos toca hacer como los cangrejos. ¿Qué contenidos, de los que la normativa me marca, me ayudarán más a desarrollar estos objetivos? ¿Qué actividades permitirán hacer camino hacia la consecución? Son dos preguntas muy relacionadas y que no se responden secuencialmente, sino alternativamente, ya que se realimentan.

El proceso no es en ningún caso lineal, sino que existe realimentación constante. Al avanzar en actividades y contenidos, seguramente acabaremos de definir sus objetivos. Al revisar los objetivos, realizaremos cambios en las actividades que estamos planteando. Y por no hablar de su implementación en el aula, que nos hará efectuar aún más modificaciones.

Como veis, no hemos partido del contenido. Hemos partido de la competencia, que hemos concretado en objetivos y criterios. Para mí este es un aspecto clave. ¿Qué queremos que los alumnos aprendan? Esta es la pregunta clave.

Ejemplo

Sigo con el ejemplo inicial. Si parto de los contenidos, seguramente haré que los alumnos estudien cada uno de los mecanismos, aprendan a calcular relaciones de transmisiones, hagan problemas de velocidades y fuerzas, etc. Les mostraré imágenes de mecanismos en la vida real e, incluso, les pediré que ellos busquen y hagan fotografías. Y acabaremos construyendo una grúa que les daré como modelo. ¿Esto producirá un aprendizaje significativo en el alumnado? Siempre podré justificar que, haciendo este proceso, he trabajado una competencia como: «Diseñar y construir objetos tecnológicos sencillos que resuelvan un problema y evaluar la idoneidad del resultado.»

Pero, ¿qué hubiera ocurrido si hubiera partido de la competencia antes de pensar en los mecanismos? Seguro que mi proceso hubiera sido bastante distinto. Me habría centrado en «(…) que resuelvan un problema» y en «(…) evaluar su idoneidad». No habríamos hecho mecanismos para conocerlos y para calcular velocidades. Seguramente, a partir de esta competencia, y aprovechando los contenidos de los mecanismos, habría definido unos objetivos tipos «Diseñar una máquina para elevar pesos a partir de un motor», «Construir la máquina siguiendo el diseño realizado», «Analizar la solución propuesta y argumentar propuestas de mejora». Siguiendo la competencia, la clave está en diseñar, construir y argumentar. En ese caso, de una máquina elevadora que nos obligará a utilizar mecanismos.

Para cada objetivo, habría que definir los criterios de evaluación, para conocer el grado con el que los alumnos lo han alcanzado.

Y, a partir de ahí, diseñaríamos exactamente qué propuesta de actividades (seguramente no todos los alumnos deben hacer las mismas) hacemos a los alumnos. Y diseñamos cómo evaluamos la evolución de estas actividades (autoevaluación, coevaluación y heteroevaluación) para mejorarlas, con bases de orientación, rúbricas, listas de comprobación. Y con herramientas para fomentar la reflexión sobre el aprendizaje, como porfolios o diarios de aula. Todos los instrumentos, con criterios claros que apunten a los objetivos y criterios definidos, compartidos con los alumnos.

Unos alumnos van a profundizar más en un mecanismo concreto (por ejemplo poleas), porque así han diseñado su máquina. Otros, en engranajes. Todos habrán visto los diferentes tipos, ya que la actividad de identificación en objetos que tienen a su alrededor será una de las que les voy a proponer. Pero hemos dejado de centrarnos en el contenido, imprescindible para llegar a los objetivos, y nos hemos centrado mucho más en las competencias a desarrollar.

Acabamos

Cierto que esto significa repensarlo todo. Efectivamente. Y el día a día quizás no nos da estos espacios para hacerlo. Pero no hace falta cambiarlo todo de repente. Empecemos por algún lado, pero empecemos.

La aprobación del nuevo currículo que se aplicará el próximo curso a los cursos impares (1º, 3º…) ya los pares el 2022-2023 es un buen momento para lanzarse.

Para saber más

Con Laia Palou hicimos un recurso, con infografías y vídeos, para entrar en más detalle en cada una de las fases de este proceso. Puede consultar en el siguiente enlace (solo en catalán):

Programació i avaluació competencial

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2 comentarios en «La importancia de los objetivos de aprendizaje»

  1. Interesante reflexión y se nota que tienes claro que los alumnos necesitan algo más que «sólo contenidos»…. Y que estos, además, no deberían ser el referente del proceso de enseñanza y aprendizaje.
    Planteas la necesidad de establecer objetivos trimestrales y criterios para trabajar desde el área ¿Y si las competencias estuvieran secuenciadas (además de por etapas como ahora plantea la LOMLOE) por ciclos para tener un referente común a los diferentes docentes que dan clase en el mismo ciclo y curso? ¿Y si, además, tu materia pasase a formar parte de un ámbito (combinación de materias) como plantea la ley donde adquiera más sentido el planteamiento que haces para que el contenido no sea el referente?
    Sin duda la clave estaría en la secuenciación de las competencias…
    Solo para reflexionar… Puedes ver cosas de este tipo en http://www.grupoactitudes.es
    En cualquier caso, gracias por compartir tu reflexión con nosotros… Un placer seguir comprobando que hay quienes no se rinden, aunque nos cambien las reglas de juego, y parecen pensar constantemente en su alumnado para generar aprendizaje

    1. Hola Ángel,

      muy de acuerdo contigo. De hecho, los últimos 5 anos he trabajado como indicas, creando e implementando proyectos por ámbitos, concretamente juntado matemàtics, ciencias y tecnología.
      Pero, para llegar a trabajar por proyectos de manera competencial y de manera interdisciplinària, creo muy interesante el primer paso que describo en el artículo. Cuando los docentes cambian su forma de programar, aprenden a definir los objetivos competenciales para su materia y lo experimentan en el aula (lo que pide la LOMLOE) es más fácil dar el siguiente paso e intentar buscar puntos y proyectos en común, después de secuenciar las competencias por cursos como indicas.

      Creo que las transformaciones educativas siempre tienen lugar poco a poco. Difícilmente lo cambiaremos todo en todos los centros. El artículo solo apuntaba a un primer paso muy necesario.

      Gracias por ayudar a dejar claro que el camino no termina allí.

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