Reducir las calificaciones es la consecuencia

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Hace un tiempo que, cuando hago formaciones, me encuentro con docentes que quieren reducir las calificaciones en sus materias, pero no saben demasiado cómo hacerlo. Desde que abrimos el grupo Sin notas en Facebook (¿aún no formas parte del grupo? ¡Ya somos más de 400!), aún recibo más consultas de docentes preocupados por la excesiva dependencia que tienen los alumnos de las calificaciones.

Hay bastante consenso académico, de diferentes estudios, en indicar que las calificaciones dadas en medio del proceso de aprendizaje, en la evaluación formativa, tienen una influencia negativa. Todos ellos señalan que es mejor el feedback solo con comentarios. Por otra parte, cualquier docente con un poco de experiencia (y no hace falta mucha), percibe que los alumnos están mucho más preocupados por la calificación que obtendrán al realizar una tarea que en el aprendizaje que conseguirán con ella.

Todo ello, lleva a algunos docentes a plantearse como reducir, si no eliminar, las calificaciones durante el proceso de aprendizaje, sea un trimestre, un proyecto o una unidad didáctica.

Pero yo siempre les digo lo mismo. La reducción o eliminación de las calificaciones es la consecuencia, no la causa del cambio en el aula. Está bien que sirva para ser conscientes de que hay que hacer cambios en la metodología del aula, pero, seguramente, es de los últimos pasos a realizar.

La reducción de las calificaciones debe ser el resultado de transformar la evaluación en una evaluación formativa, en una evaluación para el aprendizaje. De nada sirve seguir haciendo las cosas igual y reducir las calificaciones. Es más, los alumnos no entenderán nada y, seguramente, será contraproducente.

Cuando me preguntan qué proceso se puede seguir, siempre describo este posible camino (entre otros muchos posibles).

  1. Tener claros los objetivos de aprendizaje: en ese proceso de aprendizaje, ¿cuáles son los 4 o 5 objetivos de aprendizaje que quieres que los alumnos alcancen?
  2. Para no hacer un cambio radical, diseña una (sí, solo una) tarea competencial y compleja que ayude a los alumnos a alcanzar uno o dos de estos objetivos. Entiendo por tarea compleja aquella donde el alumno debe poner en juego conceptos que ha aprendido y ha comprendido. Siguiendo la taxonomía de Bloom (con sus limitaciones), tarea que requiere pensamiento de orden superior (crear, analizar, aplicar …).
  3. Prevé diferentes momentos de evaluación (no de calificación) de la tarea. Se trata de permitir que los alumnos entreguen diferentes prototipos de la tarea y que vayan mejorando estos prototipos. Comienza, por ejemplo, con 3 (entrega de dos prototipos y entrega final). Dicho de otro modo, como dicen otros autores, que los alumnos tengan diferentes puntos de avituallamiento durante la realización de la tarea.
  4. Una vez planteada a los alumnos, diseña con ellos el instrumento de evaluación (no de calificación) que se utilizará para los diferentes prototipos. Puede ser una rúbrica.
  5. En la fecha que se haya acordado, dedica una sesión a evaluar el primer prototipo. Organiza esta evaluación con pequeños grupos de 5 o 6. Cada alumno muestra la tarea a los compañeros y estos, con la ayuda de la rúbrica, le dan indicaciones de lo que debe mejorar. La rúbrica les da criterios claros de que han de evaluar.
  6. Proponles crear un diario de aprendizaje donde registren la evolución de la tarea, las indicaciones que han recibido de los compañeros y de las mejoras que introducirán.
  7. En la fecha acordada, revisa tu la tarea de los alumnos (segundo prototipo) y da las indicaciones para que la mejoren. Anímales a anotarlo en el diario de aprendizaje.
  8. Finalmente, el día de la entrega final, vuelve a hacer grupos y que realiza coevaluación (no cocalificación). Y tú, califica la tarea indicando qué logro tienen de cada objetivo trabajado en la tarea.

Todo ello, pueden ser entre 5 y 10 horas de clase (o más, eso ya depende de ti). Es una inversión de horas, pero no es un cambio radical. No hemos eliminado las calificaciones, ya que la entrega final la hemos calificado, pero hemos empezado el cambio. Los alumnos entregan prototipos, los analizan, escuchan los compañeros, introducen mejoras, etc. sin pensar en las calificaciones.

Y, como decía, esto es el inicio del proceso. A partir de aquí, introduce más tareas complejas, convierte el diario de aprendizaje en un portafolio, introduce explícitamente la autoevaluación, etc. Y selecciona, ya que para introducir todos estos aspectos de reflexión y metacognición, deberás dejar de hacer otras cosas.

Pero, llegados aquí, la reducción de calificaciones habrá sido natural y habrá sido la consecuencia de todo el cambio metodológico. Si este cambio la estás llevando a cabo, seguramente, la reducción de las calificaciones será lo menos interesante que pasará en tu aula.

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Un comentario en «Reducir las calificaciones es la consecuencia»

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