Programar el trabajo por proyectos

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Hace varios años que intento aprovechar el aprendizaje basado en proyectos en mis clases y, también, en el centro con proyectos multidisciplinarios. Sin embargo, cuanto más trabajo más me doy cuenta que tengo que aprender más.

Es por eso que he decidido ir publicando algunos artículos con algunas de las conclusiones a las que voy llegando. Al igual que el resto de artículos que se pueden encontrar en este blog, en ningún caso pretende ser referencia ni indicar el único camino. Simplemente pretendo obligarme a reflexionar sobre lo que aplico (y eso ya es interesante, lo lea alguien o no) y compartir la experiencia. Siempre he defendido que hay que compartir lo que se realiza en el aula, aunque sea para que otros vean lo que no se debe hacer nunca. Así que este artículo será muy poco tecnológico.

Pero entremos en materia. En este artículo quiero hablar del inicio de un proyecto: de su programación. Ciertamente los proyectos son vivos y de lo que se programa a lo que termina sucediendo debe haber diferencias. Pero a mí siempre me ha ido muy bien programar los aprendizajes. Y, con más razón, si no sólo queremos trabajar contenidos. Si queremos un proyecto con aprendizajes significativos, donde se trabajen los contenidos pero con el fin de adquirir competencias, hay que programarlo bien.

En mi centro, cuando planteamos un proyecto (sea de una materia sola o multidisciplinario), siempre empezamos por los contenidos. ¿Qué contenidos de los que marca el currículo queremos trabajar en el proyecto? Sólo de esta manera conseguiremos no olvidarnos ningún contenido curricular. Y digo olvidarnos, ya que otra cosa es que, ante currículos demasiado extensos, decidamos conscientemente priorizar unos contenidos por delante de otros.

Por lo tanto, tomamos la normativa (cada comunidad autónoma tiene sus particularidades) y seleccionamos los contenidos a trabajar.

Veremos el proceso a través de un ejemplo real, un proyecto multidisciplinario de dos materias (Física y Química / Informática) de 4º de ESO que estamos preparando para el próximo curso. Hemos elegido los siguientes contenidos (hacer clic en la imagen para ver la hoja de cálculo completo):

Como es lógico, difícilmente podremos elegir los contenidos si no tenemos en mente alguna idea del proyecto. Pero yo intento que sea simultáneo. Mientras miro el currículo, van apareciendo ideas que anoto. Le voy dando vueltas, voy viendo qué contenidos salen, voy descartando ideas, voy descartando partes del currículo, van saliendo nuevas ideas, voy mirando ideas de otros compañeros… Hasta que llego a una posible idea (mía o no) que me cubre partes del currículo.

En este ejemplo, la idea del proyecto no es mía. Es una idea de Sergi del Moral y de Dani Laguna sobre construir una maqueta de una catapulta. Ellos lo aplicaban a un proyecto de 3º de ESO de Matemáticas y Tecnología y nuestra idea es aplicarlo a 4º.

Una vez ya tenemos la idea y ya hemos seleccionado los contenidos, llega el turno de los criterios de evaluación. ¿Qué deben poder realizar los alumnos si entienden los contenidos? Estos también vienen, habitualmente, en la normativa. Así que se trata de relacionar contenidos y criterios. Aún no pensamos en actividades concretas, pero empezamos a tener elementos para intuir algunas.

¿Y las competencias? Tan importantes son los contenidos como las competencias y los estándares de aprendizaje. Para mí no debe haber exclusión. Las competencias sin contenidos no se pueden adquirir. Pero los contenidos, sin competencias, no tienen sentido.

Por lo tanto, llega el momento de tenerlas en cuenta. ¿Qué competencias clave queremos que tengan más peso en este proyecto? No lo podemos elegir de forma aislada, sin pensar en el resto de curso. Prácticamente todas las competencias clave se podrían trabajar en cada proyecto, pero se trata de decidir en cuáles queremos profundizar (en otros proyectos incidiremos más en otras competencias). Repasamos la normativa y miramos bien las competencias básicas y los estándares de aprendizaje. Nos marcamos aquellas que trabajaremos y evaluaremos. En Cataluña la nomenclatura es un poco distinta, de ahí que la referencia a los estándares de aprendizaje que aparece en la siguiente imagen difiera de otras comunidades.

Y, para llegar a las actividades, necesitamos definir la pregunta guía del proyecto (o preguntas guías). Seguro que con la idea inicial ya la hemos pensado, pero hay que especificar bien. De este modo, las actividades que vamos a crear tendrán un sentido claro, avanzar en dar respuesta a esta pregunta.

Ahora sí llega el momento de crear las actividades. Tendremos que relacionar estas actividades con contenidos, estándares y criterios de evaluación. ¿Es posible? Seguro que sí, pero no es un proceso lineal. Si hemos llegado hasta aquí, seguro que hemos cambiado la idea inicial varias veces. Por lo tanto, hemos cambiado los contenidos, los criterios, las competencias y los estándares que queríamos trabajar varias veces. Pero ningún problema. Sólo estamos diseñando un proyecto y nos quedan otros proyectos por diseñar u otras clases para preparar y cubrir el resto de competencias y contenidos.

Definir qué es una actividad (o bloque de actividades) no es sencillo. Para mí, la creación de un portfolio es una actividad, a pesar de que lo tendremos que ir haciendo durante todo el proyecto. La construcción final de la catapulta también lo será. Pero realizar ejercicios de movimientos parabólicos, también.

¿Cuántas actividades preparamos? ¿Las dejamos muy cerradas? ¿Las dirigimos? ¿Dejamos que los alumnos elijan actividades o propongan nuevas? Preguntas lógicas y la respuesta dependerá del grupo, del profesor y de la experiencia tanto del grupo como del profesor en trabajar por proyectos. De hecho esta será la clave del proyecto, pero en todo caso lo dejo para otro artículo: Definir un buen proyecto. Si alguien está muy interesado le recomiendo el blog del Buk Institute for education, que hace muchos años que trabajan y lo tienen muy definido.

Nos quedan aún tres pasos para terminar la programación de nuestro proyecto. El primeros es detallar cada actividad. Hemos definido más o menos las actividades, qué competencias, contenidos y criterios de evaluación a utilizar, pero hay que definir con exactitud las actividades. Si hemos decidido que hagan un portfolio, ¿como debe ser? Si tienen que construir una catapulta, ¿qué especificaciones les pedimos? ¿Qué materiales les ofrecemos? Si hemos decidido que habrá que hacer ejercicios sobre movimientos rectilíneo, ¿qué ejercicios? ¿Todos los alumnos el mismos? Pero esta parte no es más que lo que hacemos habitualmente cuando preparamos una clase.

El segundo paso que nos queda es la evaluación. Y no es un paso menor. ¿Como evaluaremos las actividades? Tenemos muchas pistas, ya que tenemos claros los criterios de evaluación. Un buena opción será utilizar rúbricas, pero ni mucho menos la única. El diseño de una rúbrica siempre es complicado y siempre es recomendable hacer participar a los alumnos, pero con todo el trabajo que ya hemos hecho (contenidos, competencias y criterios), el proceso se nos simplifica. Y, aparte de las rúbricas, ¿como los alumnos se autorregulan para saber que están en el buen camino del proyecto? ¿Qué deberán entregar de manera individual y qué en grupo? Y, puestos a preguntar y rompiendo un poco el discurso innovador que ahora predomina, ¿habrá que diseñar alguna prueba escrita individual (dígase examen)?

El último punto será la temporización. Seguramente es el más sencillo sobre el papel y el más difícil en la práctica. Es difícil preveer el ritmo de los alumnos, las preguntas que se harán y qué querrán responder, las ramas por donde aparecerá su interés… Pero si previamente no hemos pensado (aunque sea de forma aproximada) cuál es la temporización que queremos, el proyecto puede sufrir el efecto chicle y no acabar nunca.

En resumen, para mí programar un proyecto consiste en:

Viendo el resumen, la pregunta aparece sola. ¿Qué diferencia hay entre programar un proyecto y programar una materia por competencias? En mi opinión, sólo una. En un proyecto las actividades estarán claramente orientadas a contestar una pregunta guía. Pero, por lo demás, no veo más diferencia. De aquí que trabajar por proyectos, si se hace correctamente, sea una manera (no la única) de trabajar por competencias.

En todo caso, como decía al principio, sólo presento mis conclusiones de trabajar de esta manera durante varios años. Cualquier duda, objeción o intercambio de experiencias será muy bien recibido en los comentarios o en las redes sociales.

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